25 de Mayo de 2013
 
 


Jorge Amorin





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Philip Anschutz: El apostador infalible

Hizo fortuna con el petróleo, se consolidó con los ferrocarriles y supo llegar a tiempo a las telecomunicaciones e incluso a Internet. A lo largo de cuatro décadas, estuvo siempre en el lugar indicado, aunando el tesón de los pioneros de la industria con la agilidad de los nuevos capitalistas tecnológicos. Así llegó a ser el quinto hombre más rico de Estados Unidos. Entre sus nuevas apuestas, está el deporte y, en particular, el fútbol, del que se convirtió en fanático aficionado. Clubes y estadios, de su propiedad, acrecientan su patrimonio, que ya supera los 16.500 millones de dólares.

En el siglo XIX, los ferrocarri-les apuntalaron la expansión de Estados Unidos hacia el Pacífico; el petróleo alimentó su portentoso crecimiento industrial en el siglo XX y, con el avance arrollador de las telecomunicaciones, se consolida como superpotencia mundial al iniciarse el siglo XXI. Moviéndose casi sigilosamente, pero con notable éxito en estos tres sectores estratégicos, Philip F. Anschutz (60) se constituyó en el quinto hombre más rico de Estados Unidos.
Este empresario, nacido en 1939 en Russell, pequeña ciudad de Kansas, interviene, además, con el mismo éxito, en otros sectores económicos tan disímiles como minería, bienes raíces, producción agropecuaria, entretenimiento o espectáculos deportivos. Dueño de una personalidad al mismo tiempo audaz y reflexiva, Philip es un diestro financista, con una aguda visión para detectar posibilidades de enriquecimiento a largo plazo y siempre dispuesto a encarar proyectos arriesgados. Aunque haya cosechado tantos lauros como los Moore, los Rockefeller y otras tradicionales dinastías de empresarios, o haya obtenido triunfos tan resonantes como los de los nuevos ricos Michael Dell o Steve Case, la imagen de Philip Anschutz, que pone tanto empeño en acrecentar su patrimonio como en preservar su vida privada, no es muy conocida para el gran público. En su extensa vida empresarial se une el tesón de aquellos pioneros de la industrialización con la osadía y el dinamismo de los modernos magnates de la electrónica. Su mayor mérito es, seguramente, haberse adaptado a las profundas transformaciones económicas vividas en los últimos 40 años y, en muchos casos, haberse adelantado a ellas.
En 1961, con apenas 22 años, se hizo cargo de una pequeña empresa petrolera que su padre había creado tres años antes, convirtiéndola en un poderoso holding a partir del cual desarrolla un amplio espectro de inversiones. Anschutz Corporation, Southern Pacific, Union Pacific, Qwest Communications y L.A. Arena Co. son los nombres que le dieron prestigio, aunque Phil es además accionista principal y miembro de los consejos directivos en decenas de compañías. Casi nunca ha ocupado cargos ejecutivos, que quedan en manos de profesionales especializados, pero se reserva, en cambio, el manejo de las relaciones interempresarias. Haciendo gala de un agresivo estilo negociador y de una notable capacidad de convencimiento, ha cerrado acuerdos y manejado transacciones de compra o venta de empresas en situaciones que otros financistas hubieran considerado, cuanto menos, inoportunas.
Todo cambia Coterráneo del ex candidato a presidente Bob Dole, que es uno de sus más íntimos amigos, Philip Anschutz, pasó su infancia en distintas ciudades de Kansas, siguiendo los pasos de Fred, su padre, que trabajaba como perforador para compañías petroleras. Después de haber sido un mediocre alumno secundario, se graduó con honores como bachiller en finanzas en la Universidad de Kansas. Cuando se aprestaba a estudiar derecho en Virginia, una enfermedad del padre lo obligó a retornar al hogar, por entonces establecido en Denver, Colorado. La situación de Anschutz Co. era crítica. Fred había comprado algunos campos petrolíferos que no dieron los resultados esperados. Entonces su hijo se empeñó en intensificar la actividad explo- ratoria pero, en sus primeros cinco años de trabajo, el 95% de los pozos perforados resultaron secos. Todo cambiaría un día de 1967, cuando un pozo exploratorio de Wichita registró una explosión que indicaba la presencia de abundantes reservas de petróleo y gas natural. En menos de 24 horas, Phil gestionó créditos y logró convencer a los dueños de las áreas linderas para que se las vendieran. Al día siguiente, mirando un noticiero de TV, se enteró de un voraz incendio en un campo petrolífero, el suyo, que carecía de seguros. Tratando de detener la catástrofe, contrató los servicios de Red Adair, que implicaban un gasto de 100.000 dólares. Mientras tanto, se conectó con los estudios Universal, donde se rodaba una película sobre las hazañas de los aviones de esa famosa empresa -que aún continúa apagando incendios en todo el mundo-, y negoció una autorización para filmar a cambio de 100.000 dólares. Con este yacimiento de Wichita, ganaría el primero de los 16.500 millones de dólares que hoy atesora. Aquella contingencia, vivida a los 27 años, le dejó una enseñanza que Phil confiesa no haber olvidado jamás: para triunfar no hay que esperar que las circunstancias sean favorables; uno mismo debe crearlas y hacer que las cosas sucedan. La maltrecha situación económica familiar, que frustró sus ilusiones de ser abogado, lo había obligado a aguzar el ingenio para salir adelante en una industria de alto riesgo, que requiere grandes inversiones y cuyos resultados están tan ligados a la idoneidad como a la suerte. Ambas cosas lo acompañaron en 1982, cuando compró un campo petrolífero desahuciado por una compañía colega; lo re-exploró y descubrió un yacimiento gigantesco. Con los precios de los hidrocarburos por las nubes, debido a la guerra entre Irán e Irak, decidió venderlo a Mobil en 500 millones de dólares. Al año siguiente, los avatares políticos habían cambiado y los precios permanecerían, por largo tiempo, en baja.
Para esa época, su patrimonio ya era suculento. Sus actividades se habían extendido desde Kansas y Colorado a Utah, California, Montana, Dakota del Norte, Oklahoma, Wyoming, Texas y Louisiana. Había ingresado en la industria cementera y en la explotación de minas de uranio y carbón en la región de las Rocallosas. También había comenzado a acumular tierras aptas para la actividad agroganadera, que lo llevarían a ser uno de los veinte mayores terratenientes de su país.

Rieles y fibra óptica
Del petróleo y la minería, Philip Anschutz había obtenido los capitales suficientes para diversificar sus negocios. La desregulación de la industria del riel, que comenzó a insinuarse a principios de los 80, hacía prever una revalorización de las alicaídas compañías ferroviarias. En el 84, Phil arriesgó 90 millones de dólares de su fortuna personal en la compra de Denver and Rio Grande Western Railroad y, en el 88, dio el gran salto al negociar una fusión con Southern Pacific, que estaba pasando por dificultades financieras. Aportando su pequeña compañía y haciéndose cargo de algunos pasivos, que pronto levantaría gracias a una acertada política de reactivación, se quedó con un 25% del paquete accionario de la mayor ferroviaria de su país, con sede en San Francisco.
Siete años después, cuando SP había recuperado su antiguo prestigio y la pronosticada disputa por las ahora valiosas y desreguladas ferroviarias estaba en pleno auge, y sus ejecutivos estaban vislumbrando nuevas adquisiciones, el mandamás los sorprendió aceptando la oferta de compra de Union Pacific, hasta ese momento su más encarnizada competidora, quedándose con 5.400 millones de dólares y con el 5% de las acciones de la nueva corporación. Hoy es vicepresidente de la junta directiva y principal accionista individual de la cuarta ferrocarrilera del mundo, que, prácticamente, monopoliza los rieles al oeste del Mississippi. En la transacción, Philip retuvo la explotación del histórico Ski Train, que une Denver con las estaciones de deportes invernales de las Rocallosas, valiosas tierras linderas con las vías férreas, y SP Telecom, que le permitiría brillar en la era tecnológica.
Mientras aún presidía Southern Pacific, se dedicó a tender líneas de fibra óptica de alta velocidad de transmisión a lo largo de sus vías. Trabajando sobre terrenos propios, sin grandes gastos adicionales en construcción (contaba con SP Construction) ni transporte, sus costos fueron notablemente inferiores a los habituales. La red excedía las necesidades de SP Telecom, por lo que parte de ella fue vendida a otras compañías, recuperándose en poco tiempo el 75% de la inversión.
Este emprendimiento, iniciado cuando todavía reinaba el cableado de cobre y la gran explosión de Internet aún no había comenzado, fue considerado como descabellado. La gente que dice que Anschutz está loco se pone casi siempre al borde del ridículo, señalaba un analista de Forbes en febrero del 96. Y no se equivocaba. SP Telecom, que una vez vendida la empresa madre pasó a llamarse Qwest Communications, ingresó a Wall Street en 1997 y lo hizo con el pie derecho. A pesar de los avatares sufridos hace un año por las acciones tecnológicas, su cotización bursátil, que ronda los 40.000 millones de dólares, creció un 600% desde su debut.
Una sucesión febril de convenios y fusiones ha puesto en sus manos una fuerte cartera de usuarios, así como tecnología de última generación indispensable para asegurar un alto nivel de calidad en transmisión simultánea de voz, datos e imagen. Alianzas estratégicas con Netscape, Hewlett Packard y Microsoft permiten brindar servicios punto a punto para clientes corporativos. Un joint venture con la holandesa KPN y varias adquisiciones le han permitido asentarse en el viejo continente y en el norte de África. Entretanto, un acuerdo con BellSouth, que controla un 10% de las acciones, llevará a Qwest a toda Latinoamérica y al S.E. de Asia.
Sin descuidar la telefonía local y de larga distancia, Qwest orientó sus mayores esfuerzos a Internet. Invirtiendo un 10% de lo que había recibido por la venta de SP, Philip Anschutz extendió su red fuera de las líneas férreas e inició luego la construcción de la Q2, una segunda red que permite transmisiones cien veces más veloces que las actuales. Junto a Cisco y Nortel, que proveen servidores y software, participa del programa académico Próxima Generación de Internet o Internet 2, impulsado por el vicepresidente Al Gore, que comenzó a funcionar en febrero último. Por ahora, se trata de un banco de prueba para operar, con nuevos protocolos y aplicaciones de alto rendimiento, en un rango de transmisión de entre 2,4 y 9,6 Gbps.
Varios dinosaurios de la telefonía se interesaron en Internet 2, pero fueron superados por las líneas de alta velocidad de Qwest. Esta compañía, que siempre se perfiló como una telco diferente, no necesitó adaptarse a Internet, porque nació para ella y, en solo cuatro años de vida, llegó combatir de igual a igual con los más grandes en una industria encarnizadamente competitiva.
En la primera semana de marzo, fue aprobada su fusión con US West, un conglomerado que reúne servicios de larga distancia, telefonía celular y TV por cable, que convertirá a Qwest en octava telefónica de EE.UU. y la consolidará como cuarta en larga distancia. Simultáneamente, apareció una tentadora oferta de compra por parte de Deutsche Telecom que, según The Wall Street Journal y Financial Times, estaba dispuesta a desembolsar 100.000 millones de dólares. Por el momento, esa operación se ha desestimado, pero la mayoría de los analistas entienden que Qwest es un bocado apetecible y no descartan que Anschutz preste atención a nuevas ofertas.
Se especula con que Qwest fue diseñada para venderse, comenta un especialista de Wired Magazine coincidiendo con sus colegas, pero no se olvida de aclarar que entretanto se ha constituido en un excelente negocio y ha reunido a un impresionante grupo de talentosos managers.
Los deportes, algo más
que una afición Fervientemente religiosos y aferrados a ideas y costumbres conservadoras, los Anschutz levantaron una Iglesia evangélica presbiteriana, que se ha convertido en su segundo hogar, al tiempo que realizan fuertes aportes para las campañas electorales del Partido Republicano. En un alarde de sinceridad ideológica, el empresario se ha negado sistemáticamente a colaborar con las campañas del Partido Demócrata, aún cuando su triunfo estuviera asegurado.
Además de sus convicciones, el matrimonio comparte aficiones deportivas, frecuentando los estadios de Denver, donde Nancy suele mostrarse más informada y fanática que muchos jóvenes. Phil, que juega discretamente golf, tenis y squash y disfruta viendo partidos de polo, madruga para hacer jogging antes de encerrarse en sus oficinas. A instancias de sus hijos, ha participado en varias ediciones de las maratones del Gran Cañón del Colorado y de New York y se ha convertido en un apasionado del fútbol.
Estas inclinaciones, como era previsible, están dando lugar a fuertes inversiones. Entre el 95 y el 98, Anschutz Corporation adquirió tres clubes de primera división de la Major Ligue Soccer (MLS), así como equipos de básquet y hockey de Los Angeles, orientando además sus inversiones hacia Inglaterra, Suiza, Alemania, República Checa y otros países europeos.
Siguiendo su costumbre, el empresario de Denver encaró estas actividades a lo grande y es considerado por la publicación Sporting News como uno de los 25 hombres más poderosos del deporte de su país. Esta posición la debe tanto a sus equipos, como al Staples Center de Los Angeles, un ultramoderno estadio, cuya construcción ha requerido un desembolso de 400 millones de dólares, que ha tenido un tremendo efecto multiplicador para el negocio inmobiliario. Ubicado en un distrito de los barrios bajos, ha valorizado los terrenos linderos -muchos de los cuales le pertenecen- que, en breve, albergarán hoteles internacionales, cines y teatros, shopping centers y edificios residenciales. Para llevar adelante estos proyectos, Anschutz se unió a la poderosa firma californiana Majestic Realty Co. El coliseo de Los Angeles se constituye en punto de encuentro entre tres sectores que son ahora los principales objetos de sus desvelos: deportes, entretenimiento y bienes raíces.
Para atender a estos rubros, Philip cuenta con Anschutz Sports Holdings, que explota varios estadios y con el 50% de L.A. Arena Company, dueña del Staples Center. Forma parte además de Envision, consultora de marketing para deportes y espectáculos especializada en franchising, creada en 1998. Street & Smiths Sportsbusiness Journal, el Denver Post y otros medios hablan de sus intenciones de seguir avanzando en el negocio del entretenimiento con la posible adquisición de Odgen Entertainment, empresa que presta servicios gastronómicos y de parking en estadios, shoppings, aeropuertos y compañías aéreas en todo el país. Odgen es propietaria de restaurantes, parques de atracciones y casinos, con subsidiarias dedicadas a la producción y promoción de espectáculos. La mayoría de las transacciones con bienes inmuebles se concentran en Miller-Anschutz Properties LLC, dueña de edificios de oficinas, complejos residenciales, hoteles y resorts en varias ciudades de Colorado. Un empresario amigo, refiriéndose a Philip comenta que «uno puede detenerse en cualquier lugar de Denver, que seguramente estará parado sobre un terreno de su propiedad», en tanto Micky Miller, su socio, le atribuye un olfato especial para descubrir propiedades de bajos precios que pueden ser fácilmente valorizadas.
Los triunfos que lo acompañaron en los últimos veinte años no alejaron a Philip de su primer amor, el petróleo, que sigue siendo objeto de fuertes inversiones a través de Anschutz Corporation y de otras empresas, entre ellas Union Pacific Resources, la canadiense Norcen Energy Resources y Forest Oil, la más antigua de las petroleras independientes de Estados Unidos, adquirida en 1995. Sus operaciones abarcan la mayor parte de Estados Unidos, así como Canadá, México y varios países sudamericanos. Al igual que con la telefonía, Anschutz aprovechó la sinergia existente entre sus empresas, tendiendo oleoductos y gasoductos a lo largo de sus rieles en California, Utah, Kansas y otras regiones, integrando así a la producción de hidrocarburos, la fructífera actividad del transporte.
Hace un año, convocó a dos jóvenes empresarios de Colorado para formar The Petroleum Place Inc., una empresa de trading para la industria de los hidrocarburos que ofrece servicios on-line, reuniendo las posibilidades de un negocio tradicional con las bondades de Internet. Las compañías asociadas, entre ellas Amerada Hess, Chevron, Texaco y Alberta Energy, reciben asesoramiento en operaciones de compra, venta, arrendamientos, contrataciones y todo tipo de transacciones relacionadas con la actividad petrolera y gasífera. La nueva empresa ha establecido alianzas estratégicas con The Oil & Gas Asset Clearinghouse Inc. de Houston y TradeBank Inc. de Dallas, dos de las firmas más prestigiosas en este campo.
Este abanico de negocios exitosos hizo de Philip Anschutz un abonado de la lista Forbes de multimillonarios. Hasta 1997, aparecía en el lote de los primeros 100, encuadrado en los rubros petróleo y ferrocarriles. Hoy ocupa un lugar en el cuadro de honor de los cinco más ricos de Estados Unidos etiquetado como magnate de la alta tecnología. Seguramente, continuará al tope de ese ranking, aunque no está claro a qué negocio se atribuirá su fortuna. Philip no parece dispuesto a abandonar su costumbre de tirar letra a los analistas, dejando atrás empresas que están en la cumbre de su prosperidad para enfrentar nuevos retos.

 
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